REFLEXOLOGIA INFANTIL

Aporta bienestar y salud a tus hijos

CAMBIO DE BLOG!!!

Julio 23rd, 2008 por vegarres

Debido a que me resulta un poco complicado de entender la forma de gestionar este blog y sus aplicaciones, he decidido trasladarlo a otra dirección, tomar nota: http://reflexologiayninos.blogspot.com

Como algunos sabeís estoy en trámites de poner una página web que se llamará: www.reflexologiainens.com aún está en construcción pero quiero asociar este blog a la página para que desde ella se pueda también ver el blog , sus  artículos y otras cosas que espero ir poniendo poco a poco.

OS ESPERO EN EL NUEVO BLOG, MUCHAS GRACIAS Y HASTA PRONTO!

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Díselo y lo olvidarán, involúcralos y lo aprenderán

Julio 10th, 2008 por vegarres

En muchas ocasiones, los padres olvidamos con mucha facilidad cómo aprendíamos cuando éramos niños.
Da igual que en la cocina de casa nos describieran la mejor técnica para ir en bicicleta o que nos sermonearan sobre cómo conseguir no hacer caso a los compañeros de clase cuando se metían con nosotros. Todo parecía muy sencillo en teoría, en la cocina de nuestra casa, pero otra cosa era cuando montábamos en la bicicleta en la calle o cuando nos teníamos que enfrentar a los insultos de nuestros amigos en el colegio.

Aprender a hacer lo correcto no es tan fácil como en ocasiones creemos. La teoría se la saben muy bien nuestros hijos pero la práctica ¡qué difícil es llevarla a cabo! A veces querer aprender no es suficiente para aprender.

¿Qué necesitan? Necesitan un poco más de apoyo de nuestra parte. Necesitan practicar, aprender a tomar decisiones y experimentar consecuencias.

Explicarles a nuestros hijos lo que deben y no deben hacer, cómo y cuando deben hacerlo, es una parte del proceso de aprendizaje, pero insuficiente si no les enseñamos al mismo tiempo, a través de la práctica, a tomar decisiones y a solucionar problemas.

¿Qué podemos hacer para que nuestro hijo sepa elegir la mejor opción entre varias alternativas? ¿Cómo ayudarle a que se enfrente a los problemas con seguridad? ¿Cómo le podemos enseñar a plantearse diferentes soluciones ante una situación conflictiva?

Hay métodos que nos permiten ayudarles a conseguirlo, métodos muy sencillos y elementales que, inconscientemente, todos hemos utilizado a lo largo de nuestra vida. Vamos a repasarlos.

Simular situaciones reales
Imaginar cómo podría ser una opción hipotética y reproducirla en casa con nuestros hijos nos permite poner a prueba distintos enfoques sin necesidad de “estrellarnos” si algo sale mal. Se trata de practicar lo que nuestros hijos ya saben de manera intelectual pero que, por diferentes motivos, no saben o no pueden llevarlo a cabo.

Por ejemplo: Alex, 10 años. Tiene un compañero en clase que a menudo le quita su bolígrafo rojo y no se lo devuelve. Su madre/padre puede adoptar dos posiciones y decirle:

Incorrecto: “Te he dicho muchas veces lo que debes hacer. Deberías quitarle los suyos para que aprendiera la lección. La próxima vez le quitas el bolígrafo aunque esté escribiendo. ¡Es muy sencillo!”

Correcto: “Te molesta mucho que te quiten tus cosas y te da miedo recuperarlas y enfrentarte a tu compañero ¿verdad? Vamos a hacer una cosa: si te parece bien, vamos a practicar lo que podríamos hacer la próxima vez que te ocurra eso”.

Ambos interpretan diferentes papeles. Al principio la madre es Pablo (el niño que le quita los bolígrafos). Le enseña cómo actuar y qué decir ante esa misma situación: “No lo cojas; lo necesito yo”. También le enseña otras formas de decir “no” , ya que negarse es lo que más le cuesta a Alex: “Es mío, no lo cojas”, “No te lo dejo; ya te he dejado otros bolígrafos y no me los has devuelto”, “Lo siento pero no”, “¡Cómprate uno! Yo también lo necesito”, etc.

Luego cambian los papeles. Alex hace lo que su madre hizo anteriormente en la representación. Dice con voz clara y firme: “No los cojas. Son míos y los necesito”
Madre: “Muy bien Alex. Seguro que le quedará muy claro a Pablo”.

A medida que practican, Alex se siente más seguro. Se da cuenta de que decir “No, lo siento” no es tan difícil como pensaba. De hecho, nunca se lo había dicho a su compañero por miedo, por lo que éste aprovechaba para actuar de la misma manera una y otra vez.
El hecho de imponer sus límites fue suficiente para cortar esta incómoda situación y devolver la confianza a Alex.

Empezar de nuevo
No os descubrimos nada nuevo con esta técnica pero os recordamos que es muy útil para corregir pequeños incidentes del día a día, no solo con niños pequeños sino también con adolescentes.
Como su nombre indica, se trata de darles una segunda oportunidad para que puedan hacerlo de nuevo pero esta vez correctamente y colaborando.
La operativa es la siguiente: Se le aclara al niño qué es lo que ha hecho mal, cómo se espera que lo haga y se le anima a hacerlo de nuevo, pero esta vez de manera correcta.

Por ejemplo: Cristina, 15 años. Ha discutido con su madre por culpa de una camisa.
Le “exige” que se la preste, con imperativos y malos modales: “nunca me dejas nada, no confías en mi, eres una egoísta” etc, son palabras muy utilizadas por Cristina cuando se trata de conseguir algo de su madre.
Madre: “Con estas palabras, no te la dejo; si quieres, puedes volver a pedírmela de otra manera”
Cristina: “¡Vaaaale!; ¿me dejas tu camisa azul esta tarde?”

Otro ejemplo: Nacho, 7 años. Se le ha olvidado lavarse las manos al llegar a casa.
Padre: “Lo primero que se hace al llegar del colegio es lavarse las manos”
El padre le dice a Nacho que vuelva a llamar al timbre de la puerta y que “lo intente de nuevo”.

Si tu hijo no obedece, será necesario hacer cumplir las consecuencias. Por ejemplo, en el caso de Nacho, no podrá merendar hasta que se lave las manos.

Analizar la opción elegida
En muchas ocasiones los niños no eligen la mejor solución a un problema porque, sencillamente, no saben ver otras opciones o alternativas mejores.
Acostumbrarlos desde pequeños a considerar varias opciones alternativas de conducta les ayuda a autodisciplinarse y a fomentar la responsabilidad.
Mecánica: Analiza con tu hijo otras opciones para resolver el problema. Para ello, hazle preguntas que le ayuden a imaginar otras alternativas más plausibles. Si es muy pequeño, tendrás que sugerir tú esas ideas. Después anímalo a aplicar la opción más adecuada la próxima vez que tenga oportunidad.

Por ejemplo: Ignacio (8 años). Le dice a su padre, cuando éste le pregunta por sus deberes, que ya los tiene hechos y comienza a jugar. Su padre lo comprueba y ve que gran parte de ellos no están hechos.

Padre: No hacer los deberes no es una buena solución pues sabes que si no los haces no tendrás oportunidad de jugar y el profesor te reñirá al día siguiente. ¿Qué crees que puedes hacer para solucionar los problemas que tengas con los deberes?

Ignacio: No se me ocurre nada, papá.

Padre: Si no sabes cómo hacer los deberes o te resultan demasiado difíciles puedes pedirnos ayuda a mamá o a mí. También podrías telefonear a un amigo para que te ayudara por teléfono. Podemos poner una nota al profesor en tu agenda y decirle que te vuelva a explicar la lección. ¿Qué te parece?

Ignacio: Os pediré ayuda.

Padre: Bien. Eso será suficiente para que puedas llevar al colegio cada día los deberes hechos y te sobre tiempo para jugar. Buena elección.

Dar opciones
Ofrece a tu hijo dos o tres opciones (límites) de modo que sea él el que tenga que elegir una de ellas, y responsabilizarse de sus actos.

Luis, 5 años. Puedes jugar con la jeringa de agua en el patio o en la terraza, pero nunca dentro de casa. ¿Qué quieres hacer?

Inés, 9 años. Ha pegado a su hermana Esther, de 4 años. La madre le castiga a irse a su cuarto 10 minutos “a pensar”. Irene se niega.
Padre: Puedes irte a tu cuarto 10 minutos o te llevo yo durante 20 minutos ¿Qué decides?

No son negociables estas opciones. De hecho, son los límites que ponemos a su comportamiento y estos no se pueden negociar. Si a pesar de dar opciones, tu hijo infringe estos límites, añade a las opciones la conciencia lógica:

Irene, 15 años: Puedes coger mi camisa cuando quieras, siempre que me la pidas antes. Si no me la pides previamente, perderás el privilegio de ponerte mi ropa ¿Lo has entendido?

Javier, 10 años. Puedes hacer los deberes antes o después de merendar pero recuerda que no podrás ver la televisión si no has acabado tus deberes. ¿Qué decides?

Técnica de resolución de problemas
¿Qué pasa si a pesar de las opciones y consecuencias tu hijo no cambia de postura? ¿Hay que pasar directamente al castigo o hay alguna otra posible solución? ¿Por qué enfrentarnos contra nuestros hijos cuando surge un conflicto en lugar de buscar con ellos una solución que respete las necesidades de todos?
Esta técnica de resolución conjunta de problemas permite encontrar entre ambas partes una solución satisfactoria tanto para padres como para hijos, sin necesidad de que haya vencedores ni vencidos. Tu hijo o hijos podrán participar en la elección de la solución, se sentirán respetados y comprendidos y se involucrarán en la decisión tomada.

El mejor momento:
Cuando todos estáis en calma, en frío, y podéis controlar las emociones.

Método:
1-Hablar de tus necesidades y de las suyas, así como de vuestros sentimientos.
2-Buscar soluciones conjuntamente sin evaluarlas. Tan solo escribir todo lo que se os ocurra, sean practicables o no.
3-Decidir entre ambas partes cual es la solución o soluciones más interesantes, las que son más respetuosas con todas las necesidades y dificultades, desechando las que no interesen.
Beneficios:
1-Tu hijo ha participado en el acuerdo y lo ha aceptado, por lo tanto es más probable que funcione que si la decisión la han tomado los padres unilateralmente.
2-Es un buen método para conocer las dificultades que tienen los hijos, dificultades que a menudo ignoramos o nos esconden los verdaderos motivos del conflicto.
3-Todos salen ganando: tu hijo no quedará frustrado porque ha de obedecer “porque lo dices tú” y no acabará ganando porque no cederás por cansancio a su tozudez.
La familia aprende a negociar, sin que ello sea sinónimo de perder la autoridad. El niño aprenderá a hacer concesiones, a proponer ideas creativas, a “ponerse en la piel de los demás”, contribuyendo a su maduración y a la maduración de la familia en general. Veamos un ejemplo:
Técnica de resolución de problemas. Ejemplo

Enrique, 13 años. No consigue mantener en orden su cuarto. Las peleas son diarias con sus padres. La mejor manera para que cambie de actitud es involucrarlo en el problema.

Madre: Me entristezco cada vez que voy por la mañana a tu habitación y me encuentro tu ropa sucia por el suelo, los libros desordenados, las camisas amontonadas en la silla, los zapatos con barro. Me siento triste al pensar que no eres considerado conmigo y con el resto de la familia.

Enrique: ¡No está tan desordenado!

Madre: También entiendo que estás cansado por la mañana y apenas te queda tiempo para ordenar tu habitación. Tienes muchas cosas que hacer y ordenar tu cuarto no es tu prioridad.

Enrique: Es que me acuesto muy tarde haciendo deberes. Y los días de fútbol estoy muy cansado.

Madre: Te entiendo. Sin embargo, para mi es muy importante. No solo porque es un hábito importante sino porque es una manera de respetar a los demás, de vivir en comunidad y de ayudarme con las tareas de la casa. Yo también estoy cansada y sin embargo mantengo ordenada, no solo mi habitación, sino también el resto de la casa. ¿Puedes ponerte en mi lugar?

Enrique: Tienes razón, mamá. Lo intento pero no siempre lo consigo

Madre: ¿Qué tal si pensamos en una solución que nos satisfaga a los dos?

Enrique: ¡Vale! La mejor solución es que no entres a mi cuarto y así no te enterarás de cómo está mi cuarto.

Madre: De acuerdo. ¿Qué más?

Enrique: Podrías decirle a Miguel (su hermano de 10 años) que limpiara mi cuarto por mi.

Madre: También podrías levantarte cada día 15 minutos antes para colocar todas las cosas en su sitio.

Enrique: Vale. Pero el problema es que no tengo sitio en el armario.

Madre: Entonces se me ocurre que podría ayudarte una primera vez a ordenar contigo el armario para conseguir el espacio suficiente.

Enrique: Eso estaría bien. Ya que tú me ayudas con el armario, yo intentaré hacerme cada día la cama. Pero solo estirarla ¿vale?

Madre: Creo que también sería una buena idea ponerte una estantería nueva para que pudieras tener los libros siempre ordenados.

Enrique: ¡Eso es genial! Y que Miguel no entre sin mi permiso a mi cuarto. Muchas veces él es quien me desordena los libros.

Madre: Yo podría hablar con él y convencerle de que te pida permiso antes de entrar. Seguro que si le pasas algunos de los libros que ya no lees se conforma y acepta. ¿Algo más?

Enrique: ¿Qué te parece si coloco el cesto de la ropa sucia más cerca de mi cuarto, junto al pasillo? Así me acordaré de tirarla al cesto por la noche. Y si me dejas tener la caja de limpiar los zapatos en mi cuarto de baño en lugar del lavadero, también podría limpiar un día a la semana los zapatos del colegio. Tú podrías ayudarme con el barro de los deportivos los días de lluvia.

Madre: Lo apunto. ¿Algo más?

Enrique: Sí, que no me gustaría que vinieras cada día a mi habitación para controlar cómo la he dejado. Apunta que solo te pasarás los domingos.
Madre: Vale, pero los martes también. ¿Algo más? ¿No? Pues miremos nuestra lista.

Ahora lee en voz alta todo lo que han dicho, las valoran, eliminan las que no son operativas y hace una nueva lista con las medidas tomadas por consenso:
Madre:
Hemos quedado que te levantarás 15 minutos antes cada día para ordenar tu habitación.
Yo te ayudaré una tarde a organizar el armario para que tengas espacio suficiente para mantenerlo ordenado y con la ropa en su sitio.
Tu harás cada día tu cama, aunque sea estirándola.
Colocaremos una estantería nueva para que puedas colocar todos los libros que ahora están amontonados en tu mesa y en la mesita de noche.
Hablaré con tu hermano para que no te toque los libros y tú le pasarás aquellos que ya no leas para que él tenga su propia biblioteca.
Colocarás el cesto de la ropa sucia cerca de tu cuarto y te limpiarás los zapatos en tu baño una vez a la semana.
Yo te ayudaré con el barro de los zapatos los días de lluvia.
Papá o yo supervisaremos tu cuarto dos veces a la semana, los martes y los domingos.
¿Qué te parece la lista? ¿Crees que podremos llevarla a cabo?

Enrique: Ahora me parece “algo” más fácil mantener ordenado mi cuarto. Podemos intentarlo.¡Gracias, mamá!

Técnica de resolución de problemas
No siempre la resolución de conflictos requiere tanto tiempo. A veces, en el día a día, negociamos con nuestros hijos de manera espontánea una solución respetuosa para ambos, solo que no nos damos cuenta:
Sara, 3 años:
Madre: “Es la hora del baño. Vamos al baño, Sara”
Sara: No hace caso en el momento. Acaba de pasar las páginas de su libro y entonces se dirige al baño, tal y como le ha ordenado su madre. Es su manera de decir: “De acuerdo mamá; primero acabo el libro y luego voy a bañarme”

Jaime, 7 años:
Padre: “Saca el fregaplatos, por favor”
Jaime: “Vale, pero déjame que primero acabe la merienda”

Puede que a unos os cueste más que a otros conseguir estas dinámicas. Los ejemplos de todas estas técnicas os muestran el camino, os ilustran sobre cual sería la mejor manera de poner en práctica la teoría, pero debéis tener en cuenta que cada niño es un mundo.
Unos necesitan más perseverancia, otros más tiempo de práctica, más paciencia por vuestra parte, a otros tendrás que adaptarles la metodología a sus características personales, etc. Lo importante es que conozcáis las técnicas para poder elegir aquella/s que se acoplan mejor a la dinámica de vuestro hogar.

Por Elena Roger Gamir, pedagoga del Gabinete Pedagógico Solohijos

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La infáncia, especie en peligro de extinción

Julio 10th, 2008 por vegarres

La infancia no es el tiempo para adelantar los procesos, es el terreno abonado para sembrar las semillas que más adelante brotarán como pensamientos y capacidad intelectual. Es la etapa para aprender a través de las manos, los ojos, la boca, los pies, para experimentar las leyes físicas del mundo, para mojarse con el agua, jugar con la tierra, volar cometas con el aire, fascinarse con el juego, entrar en la realidad donde se vive.

La infancia, los años de Oro, es la etapa de nuestra vida que abarca las edades comprendidas entre el primer y los 9 años, edad ésta conocida como el Rubicón por ser el difícil paso por el que se abandona la infancia. Dejarán de ver con ojos mágicos y de vivir en simpatía con el mundo.

Pero antes, esos años en los que se forme o deforme el futuro adulto, con sus leyes, sus escalones, sus personajes fantásticos, su forma peculiar de entender y sentir el mundo que les rodea, tan diferentes a la forma adulta.

¿Quién de verdad la conoce? ¿Quién tiene el don de entrar en su jardín? Un poeta dijo que sólo los “tontos”, los humildes, los genios, los ancianos sabios, los limpios de corazón poseen aún el mágico don de ver con los ojos de un niño.

Pero la infancia está amenazada. Vivimos en un mundo lleno, no hay espacios en nuestra vida cotidiana. No hay momentos de pausa, de escucha, de silencio. Hemos aceptado y asumido el ajetreo ruidoso en nuestra vida, vivimos con prisa y en continuo cambio. Los adultos más mal que bien podemos con ello ¿podemos con ello? … pero ¿qué consecuencias tiene esta forma de vida en los niños?

Paremos un momento y tratemos de recordar el número de veces que le digo a mi hij@ “corre”, es una coletilla que acompaña cualquier orden o acción que debe realizar. Y ¿qué ocurre con la cantidad de cambios que experimenta un niño durante un solo año? ¿Cuántas cuidadoras le han cuidado? ¿Cuántos cambios de casa, de colegio, de actividades?

Un niño necesita crecer sobre un suelo de seguridad, protección y abrigo, cualidades éstas que se alejan por naturaleza de la prisa, y se acercan, por naturaleza también, a los hábitos, la repetición, la tranquilidad, la paciencia.

Ni las leyes de crecimiento, ni la madurez, ni el carácter, ni el sentido del humor, ni la amistad, ni el aprendizaje, ni ninguna actividad puramente humana crece y se desarrolla con prisa.

La infancia está amenazada porque estamos acelerando los procesos de crecimiento, y lo hacemos cuando enseñamos a niños menores de 6 años a leer y escribir. Y concretamente cuando concentramos toda su actividad psicomotriz, emocional e intelectual en rellenar hojas y hojas de repetitivos y aburridos ejercicios de preescritura carentes de motivación. Así aceleramos un proceso madurativo delicadísimo, pues la infancia es la etapa preparada para que el niño conozca el mundo que lo rodea través de su experiencia, del aprendizaje vivencia, no del aprendizaje intelectual para el que todavía no está ni física ni emocionalmente preparado.
Todos sabemos que a los 6, 7 años todos los niños aprenden a leer y escribir prácticamente sin esfuerzo. Aprender a leer no es únicamente un adiestramiento para reconocer símbolos, sino que conlleva, y esto es lo importante, una comprensión de lo leído y más importante aún, una motivación, un interés por lo que se lee.

La infancia no es el tiempo para adelantar los procesos, es el terreno abonado para sembrar las semillas que más adelante brotarán como pensamientos y capacidad intelectual. Es la etapa para aprender a través de las manos, los ojos, la boca, los pies, para experimentar las leyes físicas del mundo, para mojarse con el agua, jugar con la tierra, volar cometas con el aire, fascinarse con el juego, entrar en la realidad donde se vive.
Pero ¿qué hacemos los adultos? Alejarles de lo real, sentándolos en pupitres y mostrándoles el mundo a través de nuestros conceptos. Resultado: el niño pierde su natural interés por aprender.

La infancia tiene sus leyes, su tiempo sagrado, no es la etapa caótica de los locos bajitos. Conocer su proceso evolutivo nos ayudará en nuestra tarea como educadores de nuestros hijos, como padres y madres.

Al retomar la educación en nuestras manos, caeremos e la cuenta de que se está robando la infancia a nuestros hijos, y la daremos valor cuado reinstauremos la confianza en el pensamiento de que cada etapa tiene su tiempo, sus procesos únicos y sus diferentes motivaciones.

La infancia exige la calma para crecer, para moverse libremente, para jugar, para los trabajos manuales, para escuchar cuentos de hadas, para ver personajes mágicos, para poder imitar, en fin, para poder llegar a ser un ser humano en toda la grandiosa acepción de la palabra.

Elena Martín-Artajo
Pedagoga y maestra Waldorf
Escuela Waldorf de Aravaca

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La autoestima en los niños

Julio 1st, 2008 por vegarres

La autoestima es un tema que despierta a cada día un gran interés, no-solo de psicólogos como también de madres y padres. Es una preocupación presente en muchas casas y conversaciones. Y eso se puede entender por la relación que está teniendo la autoestima con problemas como la depresión, anorexia, timidez, abuso de drogas, y otros. Algunos expertos afirman que una baja autoestima puede llevar a una persona a tener estos problemas, mientras que una buena autoestima puede hacer con que una persona tenga confianza en sus capacidades, no se deje manipular por los demás, sea más sensible a las necesidades del otro, y entre otras cosas, que esté dispuesto a defender sus principios y valores. Lo ideal sería que los padres no se preocupasen solamente en mantener una buena salud física a sus hijos, pero que mirasen más por la salud emocional de los mismos. La autoestima es una pieza fundamental en la construcción de una efectiva infancia y adolescencia.

¿Qué es la autoestima?
Se puede definir la autoestima de diversas formas, pero su contexto continuará siendo el mismo. La autoestima es la conciencia de una persona de su propio valor, el punto más alto de lo que somos y de nuestras responsabilidades, con determinados aspectos buenos y otros mejorables, y la sensación gratificante de querernos y aceptarnos como somos por nosotros mismos y hacia nuestras relaciones. Es nuestro espejo real, el cual nos enseña cómo somos, qué habilidades tenemos, a través de nuestras experiencias y expectativas. Es el resultado de la relación entre el temperamento del niño y el ambiente en el que éste se desarrolla.

La autoestima es un elemento básico en la formación personal de los niños. De eso dependerá su desarrollo en el aprendizaje, en las buenas relaciones, en las actividades, y por qué no decirlo, en la construcción de la felicidad. Cuando un niño adquiere una buena autoestima se sentirá competente, seguro, y valioso. Entenderá que es importante aprender, y no se sentirá disminuido cuando necesite de ayuda. Será responsable, se comunicará con fluidez, y se relacionará con los demás de una forma adecuada. Al contrario, el niño con una baja autoestima no confiará en sus propias posibilidades ni de las de los demás. Se sentirá inferior frente a otras personas, y por lo tanto se comportará de una forma más tímida, más crítica, con poca creatividad, lo que en muchos casos le podrá llevar a desarrollar conductas agresivas, y a alejarse de sus compañeros y familiares.

La autoestima no es una asignatura de un currículum escolar. Pero sí debe ser un espacio jamás ignorado por los padres y profesores. Hay que estar atentos al lado emocional de los niños. Durante la etapa desde el nacimiento a la adolescencia, por su vulnerabilidad y flexibilidad, busca mejorar la autoestima de tu hijo. Todo lo que se consigue en este periodo puede sellar su conducta y su postura hacia la vida, en la edad adulta.


Publicado por Merche para EPILFANCIA

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LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS

Junio 18th, 2008 por vegarres

Me han pasado este artículo del País, que me ha encantado y no he podido evitar ponerlo en el blog para todos vosotros. La mejor frase de muchas que dice es: Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz. Si quieres que sea mejor, hazlo más feliz… creo que con esta frase lo decimos todo. “Vegarres”

 En una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía,
 le preguntó a Gabriel García Márquez acerca de la educación de los niños.
 ”Lo único importante, le contestó el autor de Cien años de soledad, es
 encontrar el juguete que llevan dentro”. Cada niño llevaría uno distinto
 y todo consistiría en descubrir cuál era y ponerse a jugar con él. García
 Márquez había sido un estudiante bastante desastroso hasta que un maestro
 se dio cuenta de su amor por la lectura y, a partir de entonces, todo fue
 miel sobre hojuelas, pues ese juguete eran las palabras. Es una idea que
 vincula la educación con el juego. Según ella, educar consistiría en
 encontrar el tipo de juego que debemos jugar con cada niño, ese juego en
 que está implicado su propio ser.

 Pero hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la
 felicidad y el amor como base de la educación. Un niño feliz no sólo es
 más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado,
 porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío,
 hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por
 extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una manera
 mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y el amor es
 básicamente tratar de ponerse en su lugar. Querer saber lo que los niños
 son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos. Por eso
 prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan en decirles
 en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los que no se
 preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser indulgente,
 pero también, otorgar, obligarse. Querer para el que amamos el bien.
 Tiene sus peligros, pero creo que éstos son menos letales que los
 peligros del rigor o de la indiferencia.

 Y hay adultos que tienen el maravilloso don de saber ponerse en el lugar
 de los niños. Ese don es un regalo del amor. Basta con amar a alguien
 para desear conocerle y querer acercase a su mundo. Y la habilidad en
 tratar a los niños sólo puede provenir de haber visitado el lugar en que
 éstos suelen vivir. Ese lugar no se parece al nuestro, y por eso tantos
 adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en
 condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un
 monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en
 busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su
 naturaleza el obedecernos. Y los niños están locos, como lo están todos
 los que viven al comienzo de algo. Una vida tocada por la locura es una
 vida abierta a nuevos principios, y por eso debe ser vigilada y querida.
 Y hay adultos que no sólo entienden esa locura de los niños, sino quese
 deleitan con ella. San Agustín distinguía entre usar y disfrutar.
 Usábamos de las cosas del mundo, disfrutábamos de nuestro diálogo con la
 divinidad. Educar es distinto a adiestrar. Educar es dar vida, comprender
 que el dios del santo se esconde en la realidad, sobre todo en los niños.

 En El guardián entre el centeno, el muchacho protagonista se imagina un
 campo donde juegan los niños y dice que es eso lo que le gustaría ser,
 alguien que escondido entre el centeno los vigila en sus juegos. El campo
 está al lado de un abismo, y su tarea es evitar que los niños puedan
 acercarse más de la cuenta y caerse. “En cuanto empiezan a correr sin
 mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me
 gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos”. El protagonista de la novela
 de Salinger no les dice que se alejen de allí, no se opone a que jueguen
 en el centeno. Entiende que ésa es su naturaleza, y sólo se ocupa de
 vigilarlos, y acudir cuando se exponen más de lo tolerable al peligro.
 Vigilar no se opone a consentir, sólo consiste en corregir un poco
 nuestra locura.

 Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos
 con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi
 todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los
 excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son
 mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño
 amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas de la
 vida que el que no lo ha sido nunca.

 En su reciente libro de me-morias, Esther Tusquets nos cuenta que el
 problema de su vida fue no sentirse suficientemente amada por su madre.
 Ella piensa que el niño que se siente querido de pequeño puede con todo.
 ”Yo no me sentí querida y me he pasado toda la vida mendigando amor. Una
 pesadez”. Pero la mejor defensa de esta educación del amor que he leído
 en estos últimos tiempos se encuentra en el libro del colombiano Héctor
 Abad Faciolince, El olvido que seremos. Es un libro sobre el misterio de
 la bondad, en el que puede leerse una frase que debería aparecer en la
 puerta de todas las escuelas: “El mejor método de educación es la
 felicidad”. “Mi papá siempre pensó -escribe Faciolince-, y yo le creo y
 lo imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo”. Y unas
 líneas más abajo añade: “Ahora pienso que la única receta para poder
 soportar lo dura que es la vida al cabo de los años, es haber recibido en
 la infancia mucho amor de los padres. Sin ese amor exagerado que me dio
 mi papá, yo hubiera sido mucho menos feliz”.

 Los hermanos Grimm son especialistas en buenos comienzos, y el de
 Caperucita Roja es uno de los más hermosos de todos. “Érase una vez una
 pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero
 sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen
 día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy
 bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja”. Una niña
 a los que todos miman, y a la que su abuela, que la ama sin medida,
 regala una caperuza de terciopelo rojo. Una caperuza que le sentaba tan
 bien que no quería llevar otra cosa. Siempre que veo en revistas o
 reportajes los rostros de tantos niños abandonados o maltratados, me
 acuerdo de este cuento y me digo que todos los niños del mundo deberían
 llevar una caperuza así, aunque luego algún agua-fiestas pudiera acusar a
 sus padres de mimarles en exceso. Esa caperuza es la prueba de su
 felicidad, de que son queridos con locura por alguien, y lo
 verdaderamente peligroso es que vayan por el mundo sin ella. “Si quieres
 que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de
 Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los
 hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente
 su felicidad”.

 Gustavo Martín Garzo es escritor

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El llanto del bebé

Junio 16th, 2008 por vegarres

Cuando un bebé llora nos está expresando, de la única forma que sabe, que tiene una necesidad. No siempre es porque tiene hambre, la gran mayoría de las veces lo único que quiere es contacto físico. Y esta es la necesidad más importante para cualquier bebé, incluso más que el alimento. Démosles todos los brazos que necesiten, en la etapa que más lo necesitan, olvidemos la típica frase “se va acostumbrar” porque cuantos más brazos obtengan en esta etapa menos nos los reclamaran después. En la próxima lectura se aclaran muchas dudas al respecto. “Vegarres”

DECLARACION SOBRE EL LLANTO DEL BEBE
 Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en
distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:
 Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que sea normal. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre o, lo más frecuente y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo.
 El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.
 El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego. Por esta razón, no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo
cuanto necesita. El bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca.
Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra “El Concepto del Continuum”, el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano. Esto es cierto durante el primer año de vida y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (de ahí la antigua famosa cuarentena de las recién paridas). Más tarde, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos durante algún rato. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando se termina la osificación y el bebé empieza a andar. Entonces, empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.
La verdad es obvia, sencilla y evidente.
El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual  el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos.
Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que  cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo  profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.
Los padres, que hemos sido educado en la creencia de que es normal que los niños lloren y de que hay que dejarles llorar para que se acostumbren y  que, por ello, estamos especialmente insensibilizados para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos  un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir  su
dolor. No estamos del todo deshumanizados. Por eso, los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la administración de la tortura, pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés, y  a nosotros mismos, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o  pediátrica.
Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación a la etapa primal de la  vida humana. Demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del
bebé con su madre y demás allegados produce unos moduladores químicos necesarios  para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico. En definitiva,  que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir solos en  sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece.
En Occidente se ha creado en los últimos 50 años una cultura y unos  hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza. Al sustituir  la piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado intercomunicadores para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio  de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados.

 Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, la maternidad  de las mujeres se medicaliza cada vez más; lo que tendría que ser una etapa gozosa de nuestra vida sexual, se convierte en una penosa enfermedad.
 Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la  sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de nuestra sexualidad: el placer de la gestación, del parto y de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los
hombres,  y que por tanto excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus  actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura  tiene que volver a los escenarios públicos, laborales profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano. A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primalhealth.org), apoyándose en diversos estudios epidemiológicos, han demostrado una relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y las enfermedades que sobrevienen en la  edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos
tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense  James W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del  maltrato y de la falta de placer corporal en la primera etapa de la vida humana.

También hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en  la etapa primal. Por eso, los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita; ellos saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.
 Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal.
 También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil  confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo; en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones.
 No es cierto que el colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como muerte súbita. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por muerte súbita se producen en la cuna.
 Estadísticamente, por lo tanto, es más seguro para el bebé dormir en la  cama con sus padres que dormir solo (Angel Alvarez www.primal.es).
 Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran  preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro “Duérmete Niño” (basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de los padres al llanto de sus bebés. Se trata de un conductismo especialmente radical y nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de
formación.  No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se
presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado ya a ponerse de manifiesto.
 Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra
 naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos  y
 nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores.
 Para contribuir a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si
 te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso; cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo. Posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo nieguesCuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil gritar… está sufriendo su primera experiencia de sumisión. (Michel Odent)
 Para más información, te recomendamos los siguientes libros:
 * Nuestros hijos y nosotros, M.F. Small, Ed. VergaraVitae (Buenos Aires)
 * Bésame mucho, Carlos González, Ed. Temas de Hoy
 * El Concepto del continuum (En busca del bienestar perdido), Jean  Liedloff, Ed. Obstare * El bebé es un mamífero, Michel Odent, Ed. Mandala

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Crianza o perpetuar la especie

Junio 11th, 2008 por vegarres

En este artículo la Sr.García hace una comparativa entre la educación basada en los métodos conductitas del Sr.Estivill y la educación natural del Sr. Carlos González. Quizás es un poco radical al crear dos grupos de madres según las prácticas que estas utilicen. Yo creo que en este mundo ni todo es blanco, ni todo es negro, también hay una amplia gama de colores. Pero hay cosas de las que dice que tienen su lógica. “Vegarres”

LA TRIBUNA MALAGUEÑA

Crianza o perpetuar la especie

M. DOLORES GARCÍA SÁNCHEZ

ME pregunto si la sociedad española es consciente de lo que esta ocurriendo en la comunicación que se establece entre las mamás y sus bebés. Sobre todo, me gustaría saber si ellas son conscientes del poder que en realidad tienen para afrontar el porvenir de este país.

Nos quejamos de la violencia en la adolescencia, vemos a bebés siendo adiestrados por ’supernannys’ en televisión, aplaudimos iniciativas como las de Izquierda Unida de llenar el país con guarderías full time, se expulsa a mujeres que están dando de mamar en un centro comercial y lo vemos normal, no se consiguen las firmas necesarias para aumentar la baja maternal a seis meses, y todo ello sin pararnos a pensar en el fondo de la cuestión.

¿Existe una concienciación y formación en referencia a la crianza? Algunas madres consideran que la crianza es ‘cuestión de instinto’, mas no comparto esta idea, ya bases como: «debería amamantar a mi bebé», «debería acurrucar y calentar en mi regazo a mi bebé», «debería dormir con mi bebé», y otras que confirmarían una conducta instintiva, en la época que vivimos, vienen denostadas por el entorno real y actual de la madre, como por ejemplo: medios de comunicación, revistas ‘especializadas’, algunos libros de gran tirada, abuelas influidas por pediatras de hace treinta años, algunos pediatras actuales, etc. Por tanto, en la actualidad, en la sociedad occidental no existe el instinto puro sin influencia.

En nuestras investigaciones he detectado que, incluso mujeres que han estudiado cinco o seis años para ejercer una profesión; a la hora de formarse para la maternidad compran uno o dos libros como mucho, aunque la mayoría ninguno, recomendado por ‘amig@s o dependientes de librerías’ básicamente, y alguna que otra revista. Al final del embarazo, la futura madre se pone en contacto con la matrona en el curso de preparación al parto, y ésta a veces recomienda leer algún manual de crianza y, luego, el sistema sanitario, en la mayoría de las ocasiones, induce a revisar al niño cada dos meses con el pediatra, y esto, más lo que le comenten amigos, familiares y programas de televisión es, básicamente la relación que establecen las mamás con la formación de la maternidad.

Creo que en España se han generado dos líneas de pensamiento en referencia a la relación con los bebés, una mayoritaria que denomino de amor stivilizante y otra muy minoritaria o de amor gonzalizante, y vienen dadas, por una forma más o menos inconsciente de ser; esto es, por la personalidad de la madre. Una observación somera parece indicar que las madres stivilizantes y las gonzalizantes difieren en su forma no sólo de entender la crianza sino también en su forma de ser, y no es únicamente que unas ‘enseñen a dormir a sus hijos’ y las otras no, sino que se planteen multitud de aspectos de la crianza desde otro ángulo, aportando relaciones, ya no diríamos diferentes sino casi divergentes.

Además, esta forma diferente de ser, engloba que la madre stivilizante es más práctica, más impaciente, más insegura de sus relaciones maritales y con su feminidad, menos crítica, más pesimista, que valora bastante su trabajo y lo entiende como algo primordial en su vida (madres de esta línea de pensamiento consideran que para compatibilizar la vida profesional y personal mejor, los niños deben pasar más horas en la guardería, no ellas menos en el trabajo), más razonable, más competitiva. Y aparentemente, la madre gonzalizante nos resulta más optimista, más paciente, más observadora, más crítica con su propia educación y con el macro y micro entorno social y personal, más segura de sus relaciones, más intolerante con las opiniones que no le gustan y más obsesionada con la trascendencia del amor por encima de otros aspectos de la vida.

Desde esta perspectiva cada madre hace lo que le dicta su sentimiento y su razón, y conocedores de la disonancia cognoscitiva, suele ser extraño que un individuo se replantee si algo tan importante como la educación y el tratamiento que le esta dando a su bebé es algo correcto científicamente, eficaz psicológicamente, y, en general, si se podría hacer mejor y esforzarse luego por hacerlo; ya que también es posible que algunos responsables de bebés quieran que sus hijos cumplan una serie de criterios, pero no consideran necesario leer una serie de informaciones.

Estas dos formas de pensamiento las podríamos describir como:

Tipo 1: madre con amor stivilizante: entiende que un bebé de tres meses fortalece su independencia si duerme solo en otra habitación, con un peluche, que creen que el niño aprende a dormir, que no suelen hablar ni quedarse al lado del bebé al dormirse éste, quien no necesita alimentarse ni despertarse por la noche. Le dan alta importancia al desarrollo mental del niño y a la disciplina. Así mismo, son inflexibles en criterios de alimentación. No perciben como adecuado coger en brazos al niño, reforzarlo y elogiarlo. Pueden ver incluso adecuado gritar y azotar al niño por ’su bien’, y en la mayoría de las ocasiones lo ignoran cuando hace algo que no les gusta o el niño tiene un berrinche, les resulta importante que los bebés sepan ‘quien manda’ en la casa, muchas utilizan algo llamado ‘el rincón de pensar’, no suelen ponerse en el lugar del bebé, entienden como satisfactorio y adecuado dejar a los niños con los abuelos (o similar) regularmente para practicar actividades de ocio con la pareja o viajar, consideran que al niño se le quiere mucho pero es una carga muy cansina para las mamás y que requiere una dedicación de veinticuatro horas.

Tipo 2: madre con amor gonzalizante: Normalmente practica el colecho, la lactancia materna a demanda seis meses o más, se muestra flexible entorno a las pautas de la comida o el sueño, no tienen mucha prisa en sacarle el pañal y que el niño ‘vaya rápido’, coge en brazos al niño cuando llora, para mimarlo, y en muchas ocasiones, para transportarlo, no se impone al niño con ningún tipo de violencia, le respeta, no le grita, no le azota y lo consuela ante un enfado o berrinche; así mismo tampoco considera que los padres necesiten independencia del niño ni que un bebé deba ser independiente. Suele ponerse en la posición del bebé antes de tomar ciertas decisiones. Está bastante enamorada de sus hijos y disfruta la maternidad de tal forma que ésta es una bendición a la que le dedicaría veinticuatro horas.

Ante todo esto surgen diversas situaciones sobre las que meditar:

1. Muchas madres stivilizantes están utilizando técnicas de adiestramiento canino para conseguir determinadas conductas. Técnicas sin validez científica, que desde la psicología, recientes investigaciones parecen demostrar que provoca en el niño una falta de resiliencia (capacidad de los sujetos para sobreponerse a tragedias o períodos de dolor emocional), baja autoestima y futuros problemas de adaptación; que desde la psiquiatría y la medicina, el bebé sufre traumas de diversa índole como vómitos, shock neuronal, ataque de ansiedad, etc., y otros cuadros clínicos; y que desde la ética se puede considerar como una forma de maltrato y abuso del menor. Y, todo esto, cuando el propio difusor del método de adiestrar a los niños para dormir, el pediatra Richard Ferber, empezó en el 2005, en una entrevista publicada el 15 de noviembre en el Wall Street Journal, a retractarse de sus teorías.

2. La forma en la que se está gestionando la compatibilidad de la mujer y el trabajo es absurda, aspectos como más guarderías o dar un dinerito a la madre, o liberarla de parte de sus impuestos no llega a nada , es un fracaso.

3. Muchas mujeres stivilizantes en realidad se arrepienten en determinada forma de haber tenido sus hijos. Los han tenido porque socialmente es conveniente, porque es una norma implícita, porque su madre que le ha ayudado a comprar el piso ahora le exige el nieto, porque no quería ser menos que sus amigas u otros motivos. Si para algunas mujeres su prioridad es el mundo profesional, deberían animarse a reivindicarlo y afirmarlo sin miedo ante los hombres, igual que hay muchos que no desean tener hijos, las mujeres que no lo deseen tienen derecho a planificar su vida para no engendrar.

Concluyendo, me gustaría que la sociedad en general se tomase más en serio la maternidad y la crianza. Con mayor responsabilidad. Y, que las madres en particular, hagan lo posible por asegurarse que le aportarán a su bebé amor y respeto incondicional, ayudándole a ser una persona armoniosa y plena, feliz consigo misma y con el entorno. El planeta se lo agradecerá.

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¿QUÉ ES UNA RABIETA REALMENTE?

Junio 11th, 2008 por vegarres

“Quiéreme cuando menos me lo merezca, porque será cuando más lo necesite”

Cuando nacemos, el principal plan que tiene la naturaleza con nosotros es que podamos sobrevivir. Para ello nos “apega” con las personas que nos cuidan, ya que está comprobado que teniendo a un cuidador cerca vivimos más (recordad que somos una especie muy incompletita cuando nacemos). Por eso es tan importante que los bebés nos reclamen cuando no estamos cerca y por ello es tan importante que nosotros intentemos satisfacer sus necesidades más importantes (alimento, sueño, higiene, contacto…
. Solo así se crea un apego seguro entre el niño y sus padres: el niño se da cuenta que tiene personas que le quieren y que le van a cuidar pase lo que pase, y por eso será un niño feliz. Es importante durante los primeros años de la vida de un niño dejarle bien clarito que “siempre” estaremos con él, que “siempre” le querremos y le cuidaremos, aunque a veces no nos guste “exactamente” lo que hace. Eso es la base de una personalidad segura, independiente y con una autoestima capaz de soportar altibajos y adversidades. Alrededor de los dos años (puede variar según el niño) la supervivencia del niño está ya más garantizada (se desplaza solo, puede comer casi de todo y con sus propias manos, es autónomo en sus actos más vitales ….) y la naturaleza (¡que sabia que es!) tiene otro plan para nosotros: si al principio era “apegarnos” para sobrevivir, ahora nos prepara para la independencia (pensad que sin independencia no crearíamos una familia propia, y eso es básico para el plan reproductor de la naturaleza). La independencia y autonomía es un largo camino que se va adquiriendo con la edad y a estas edades empezamos de una forma muy rudimentaria. ¿Cómo hace el niño para manifestar su independencia? Pues dada su edad es una estrategia muy simple: consiste solamente en negar al otro. Su palabra más utilizada es el “no” y es fácil de entender porque, negando al otro, empieza a expresar lo que él “no es” porque aún no sabe realmente lo que “es”. Intento explicarme mejor: ¿Cómo sé yo (niño) que soy otro y puedo hacer cosas diferentes a mis padres? ¡Pues llevándoles la contraria!. Puede que aún no tenga claro lo que voy a ser pero así sé lo que no soy: yo no soy mis padres, por lo tanto ¡soy otro!. El único problema para los niños es que les conlleva un conflicto emocional importante porque como los padres no entienden lo que pasa y normalmente se enfadan con ellos, los niños notan que se están enfrentando a los seres que más quieren y eso les provoca una ambivalencia de sentimientos. Eso, nada más y nada menos, son las famosas rabietas: una lucha interior entre lo que debo hacer por naturaleza y una incomprensión de mis padres hacia tales actos que me provocan unos sentimientos ambivalentes y negativos. Esa ofuscación entre querer una cosa, no entender lo que pasa y el rechazo paterno, es la fuente de la mayoría de las rabietas. Por eso lo mejor es dejarle claro que haga lo que haga siempre le queremos y le comprendemos, aunque a veces no estemos de acuerdo. Muchos padres viven esta etapa con mucha ansiedad porque piensan que es una forma que tienen sus hijos de rebeldía, tomarles el pelo y desobediencia. Nada más lejos. En estas conductas del niño no hay ningún sentido de “ponernos a prueba” ni hay ningún juego de poder entre medio (bueno a veces los padres sí que se lo toman como tal, pero el niño nunca pretende “desafiar” al adulto, solo hacer cosas diferentes a sus padres). Si el niño lleva la contraria a sus padres es para comunicarles algo muy importante: “¿lo ves?, me hago mayor. ¡Yo no soy tú!. Puedo querer, desear y hacer cosas que tú no quieres”. ¿Qué hacemos ante una rabieta?La mejor manera de superar las rabietas la resumo en cinco puntos:

1. Comprendiendo que el niño no pretende tomarnos el pelo.
Esta simple convicción hará que seamos más flexibles con ellos ( y por lo tanto se evitan muchos conflictos). Solamente pretende mostrarnos su identidad diferenciada.

2. Dejando que pueda hacer aquello que quiere.
“¿Y si es peligroso o nocivo?, me preguntaréis. Evidentemente lo primero es salvaguardar la vida humana, pero los niños raramente piden cosas nocivas. ¿Saben lo más peligroso que me pidieron mis hijos cuando eran pequeños? ¡ir sin atar en la sillita del coche!. Evidentemente les dije que no, y no arrancamos hasta que estuvieron convencidos, pero no me han pedido nunca nada tan peligroso. Bueno, una vez mi hijo mayor cogió una pequeña rabieta porque quería un cuchillo “jamonero”, pero la culpa era más mía por dejar a su vista (y alcance) un cuchillo de tales dimensiones, que él por pedirlo. ¿no?

El hecho de que quieran llevar una ropa diferente a la que nosotros queremos puede que atente contra el buen gusto, pero raramente atentará contra la vida humana. Lo mismo pasa con alguna golosina o con otras cosas. Si usted es un padre que vigila que el entorno de su hijo sea seguro, es difícil que pueda pedir o tocar algo nocivo para él. El hecho de el niño pueda experimentar el resultado de sus acciones sin notar el rechazo paterno hará que no se sienta mal ni ambivalente (y, de paso, evitamos la rabieta).

3. Evitando tentaciones.
Los comerciantes saben perfectamente que los niños piden cosas que les gustan (por eso en los grandes supermercados suelen poner chucherías en las líneas de caja) ¿Acaso pensaba que el suyo es el único niño que montaba en cólera por una chuchería?. Si su hijo es de los que pide juguetes cuando los ve expuestos o chucherías si las tiene delante ¿qué espera?. Intente evitar esos momentos (no se lo lleve de compras a una juguetería o intente buscar una caja donde hacer cola que no tenga expositor de juguetes ni dulces) o pacte con él una solución (“Cariño vamos al súper. Mamá no puede estar comprando cada día chuches porque no son buenas para tu barriguita, así que solo elegiremos una cosita” . Si los mayores nos rendimos muchas veces a una tentación (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra), ¿por qué pensamos que un niño puede contenerse más que nosotros?.

4. No juzgar a nuestros hijos.
Podemos expresar nuestra disconformidad, pero no atacamos la personalidad del niño o valoramos negativamente su conducta. Es decir, mi hijo no es más bueno o malo porque ha hecho una cosa bien o no. Mi hijo siempre es bueno, aunque a veces yo no le entienda o no me guste lo que ha hecho. En este sentido vean este diálogo: Mamá: Cariño ha venido tía Marta. Ve a darle un beso.
Niño: No quiero.
Mamá: ¿Cómo que no quieres? Esto está mal. ¡Eres un niño malo!: Tía Marta te quiere mucho y tú no la quieres. Mamá no te querrá tampoco. A partir de aquí puede haber dos opciones o el niño monta un pataleta del tipo: ¡eres tonta y tía Marta también! y ya la tenemos liada. O bien, ante la idea de perder el amor de su madre, va y le da un beso a tía Marta, a lo que su madre responde: “¡Que bien! Así me gusta ¡Qué bueno eres!” con lo que el niño aprende que es bueno cuando no se porta como él siente y que solo obra bien cuando hace lo único que quiere su madre. Es decir, se nos quiere cuando disfrazamos nuestros sentimientos. Ninguna de las dos soluciones es correcta, porque en ningún momento hemos evitado atacar la personalidad del niño (eres malo) y hemos valorado su conducta (esto esta mal o esto está bien). Si en lugar de ello hubiéramos entendido sus emociones, a pesar de mostrar nuestra disconformidad, el resultado podría haber sido: Mamá: cariño ha venido tía Marta. Ve a darle un beso.
Niño: No quiero.
Mamá: Vaya, parece que no te apetece dar un beso a la tía marta. (reconocemos sus sentimientos).
Niño: Sí.
Mamá: Cuando las personas van de visita a casa de otra se les da un beso de bienvenida, aunque en ese momento no se tengan muchas ganas ¿lo sabías?
Niño: No. (Y si dice que sí, es lo mismo).
Mamá: ¿vamos pues a darle un beso de bienvenida a tía Marta? Normalmente a estas alturas el niño (que ha visto que le han entendido y que no le han valorado negativamente) suele contestar que sí. En el hipotético caso de que siga con su negativa podemos mostrar nuestra disconformidad: Mamá: El hecho de que no se lo des me disgusta, porque en esta casa intentamos que la gente se sienta bien. ¿Qué podemos hacer para que tía Marta se sienta bien sin tu beso? (a lo mejor tía Marta es una barbuda de mucho cuidado y a su hijo no le apetece darle un beso, pero eso no implica que quiera que se sienta ofendida).
Niño: le diré hola y le tiro un beso.
Mamá: Me parece que has encontrado una solución que nos va a gustar a todos. ¡Vamos!

5. Las rabietas se pasan con la edad.
Llega un día en que el niño adquiere un lenguaje que le permite explicarse mejor que a través del llanto y las pataletas. También llega un día en que sabe lo que “es” y “quiere” y lo pide sin llevar la contraria a nadie. Llega un momento en que, si no hemos impedido sus manifestaciones autónomas y de autoafirmación, tenemos un hijo autónomo, que sabe pedir adecuadamente lo que quiere porque ha aprendido que nunca le hace falta pedirlo mal si su petición es razonable. ¿Cómo hacer que llegue antes este momento en que finalizan las rabietas? Por una parte, hemos de procurar que en la etapa anterior (la del apego que explicábamos al principio) el niño esté correctamente apegado, ya que un niño inseguro tardará más en pasar esta etapa de independencia. Así que si quiere que su hijo sea autónomo, mímele todo lo que pueda cuando sea pequeño. Para adquirir la independencia se necesita seguridad y la seguridad se adquiere con un buen apego. Una vez haya llegado a la etapa de las rabietas, hemos de intentar que se solucionen cuanto antes. Nada de esto se dará si coartamos su deseo de separarse de nosotros, ya que lo único que se obtiene “intentando” que no se salga con la suya es un niño sumiso o rebelde (depende del tipo y grado de disciplina o autoridad empleada). Normalmente si les “ignoramos” suelen volverse más sumisos y dependientes, aunque lo que vemos es un niño que se doblega y “parece” que mejore en sus rabietas. Pero la causa que provoca esa rabieta sigue en él y se manifestará de otra forma (ahora o en la adolescencia). Sé que es difícil acordarse de todo ante una rabieta infantil. Sé que es difícil razonar cuando estamos a punto de perder la razón. Sé que es difícil y, por eso, ante la duda de no saber como actuar, intente querer a su hijo al máximo porque él lo estará necesitando, ya que las rabietas también hacen sentirse mal a los niños.

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EL CEREBRO DEL BEBE

Junio 10th, 2008 por vegarres

Un niño, hasta los dos años, necesita a su madre. Para eso hay que hacer como en las sociedades nórdicas: tener una baja de maternidad de hasta dos años y que tu puesto de trabajo te espere sin problemas, puesto que vuelves de realizar una tarea social importante que es socialemente reconocida.
Una mujer no necesita ayuda para cuidar al bebé. Necesita que se la eximan de cualquier otra tarea que no sea cuidar al bebé para poder hacerlo tranquilamente. Tareas como: lavar los platos, hacer la comida, planchar camisas…. esas son las que hay que conseguir que no haga una mujer con un bebé recién nacido. Así podrá amamantar sin problemas.

Os invito a ver un vídeo muy interesante: El cerebro del bebé, un reportaje de un programa de televisión. 
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Llevar a los niños en brazos

Junio 10th, 2008 por vegarres

Alguno de nuestros padres pensaban que coger en brazos a nuestros niños es “malcriarlos”, pero lo real es que según los estudios realizados por psicólogos y especialistas, al cargar a un niño y establecer contacto íntimo con él en sus primeras etapas, estamos formando un niño emocionalmente sano.

Se sabe de la importancia del contacto corporal ya que esto favorecerá el vínculo entre los padres y el bebé, definitivamente cuando sentimos el abrazo o el contacto afectivo con otra persona, nos sentimos realmente bien, especialmente cuando esta persona es cercana y muy querida por nosotros. En el caso de los bebés, esto se presenta pero con mayor intensidad, puesto que se encuentran en pleno desarrollo, están adquiriendo nuevas experiencias que serán la base para sus futuros aprendizajes y para la formación de su personalidad, entonces ¿qué necesitamos para que nuestros hijos crezcan felices y sanos emocionalmente? Principalmente que reciban todo el afecto, el amor y los cuidados que necesita y esto se demuestra con hechos, brindándole caricias, palabras de amor, diciéndole constantemente cuánto lo queremos, abrazándolo y también cargándolo.

¿Cuál es el beneficio de cargar a nuestro bebé?
-Al cargar al bebé, estamos favoreciendo su desarrollo neuronal, ya que este contacto íntimo permitirá que el bebé descubra diferentes sensaciones, favoreciendo su desarrollo táctil.

-Cargar al bebé y establecer el contacto piel a piel, permite fortalecer el vínculo entre el pequeño y su progenitor, pues necesitará apoyarse en alguien y establecer el apego que necesita. A través de la madre o la cuidadora el niño conoce el mundo, de la manera cómo percibe primero a ésta, percibirá su entorno.

-Cuando el niño llora, se siente desprotegido, está pidiendo satisfacer alguna necesidad, puede sentir hambre, frio, estar estresado o simplemente quiere sentir el calor y la tranquilidad que le brindan los padres, cargarlo y brindarle cariño es básico para transmitirle toda la seguridad y el afecto que necesita, se sentirá querido y fortalecerá su autoestima.

-Al estar el bebé en los brazos de la madre, éste escucha, siente de muy cerca los latidos del corazón de su madre y “recuerda” cuando estuvo en el vientre materno y se siente más tranquilo, por esta razón es que cuando nos sentimos ansiosos, de manera inconsciente, movemos alguna parte de nuestro cuerpo al ritmo de los latidos cardiacos, es la manera de canalizar nuestra ansiedad.

-Favorece el desarrollo del equilibrio y el sistema vestibular al mantener al niño suspendido en el aire en los brazos de la madre y a través del balanceo. En estimulación temprana, esto es muy importante, puesto que para que el niño sea capaz de sentarse y caminar es necesario que sea capaz de mantenerse en equilibrio.

Algunas aclaraciones y recomendaciones:
Cargar al bebé es importante para su desarrollo emocional, especialmente en el primer año de vida, no es malcriarlo o engreírlo, pues en esta etapa, el bebé necesita sentir la seguridad y el calor de los padres.

Como padres percibimos las señales de nuestro bebé, sentimos cuándo necesita afecto, cuando se siente incómodo, temeroso o angustiado, es allí cuando necesita todo nuestro apoyo, lo cual no debe confundirse, pues pasada esta etapa, luego del primer año, ya no será tan necesario que esté en los brazos de los padres, el niño ahora necesitará independizarse y poco a poco separarse de la madre pues tendrá mayor movimiento, comenzará a explorar los objetos e investigar lo que hay a su alrededor, ingresará al nido, compartirá más tiempo con otras personas, por ello la acción de cargarlo deberá disminuirse poco a poco y no tomarse como un hábito, ello no quiere decir que se le quitará el derecho de sentirse querido. Acariciarlo, abrazarlo y demostrarle amor, fortalece su autoestima y hará que sea una persona competente y feliz.

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